Mostrando entradas con la etiqueta Estrenos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estrenos. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de junio de 2009

The Visitor (2008) de Thomas McCarthy

Seguramente se hubiera estrenado de tapadillo en alguna sala durante un par de semanas de no haber sido por la nominación al Óscar al Mejor Actor de Richard Jenkins, pero los premios o las nominaciones suelen ayudar en la taquilla y nos permiten descubrir pequeñas joyas aunque sea casi en la repesca en mi caso.

La historia a priori algo sosa de un profesor universitario deprimido por el fallecimiento de su esposa -Jenkins- que regresa a su casa en Nueva York y encuentra a una pareja que vive en su piso y es contagiado poco a poco por la alegría del músico "okupa", igualmente espléndido Haaz Sleiman, da un giro sorprendente cuando detienen al joven casualmente en el metro y descubrimos que es un inmigrante ilegal.

La película, atenta hasta ese momento a la evolución emocional del profesor, simbólicamente atascado en el piano del pasado que no sabe tocar y renovado con el yembé que instintivamente domina, aboga entonces por la convivencia entre culturas y por la ruptura de los prejuicios sin olvidar la crítica al irracional e inhumano trato oficial a los inmigrantes.

Desconozco la opera prima de Thomas McCarthy pero con esta película da en el clavo. Su guion fluye tranquilo en base a pequeños detalles y no carga las tintas con los graves problemas que plantea. Su dirección es delicada, no abusa ni de primeros planos ni de aparatosos movimientos de cámara, ni nos avasalla con cincuenta planos por minuto, y sabe sacar partido a actores prácticamente desconocidos que matizan los sentimientos sin estridencias.

Una de las mejores películas en lo que va de año.

Calificación: 7/10.

viernes, 3 de abril de 2009

El lector (2008) de Stephen Daldry

La película ama la literatura desde el título al último fotograma. Y la literatura la hace grande, porque estamos ante una obra con un estupendo guion.

Michael Berg (Ralph Fiennes) recuerda, conseguida elipsis del tranvía, su vida de adolescente en la Alemania de mediados de los cincuenta y su amor por la enigmática Hanna Schmitz, una mujer que le pide que le lea primeramente después de hacer el amor y luego como requisito previo. Esta es la novedad a muchas historias semejantes de iniciación o de madurez y supone el aliciente más importante a esta primera parte, la más débil de la película.

Hanna huye para evitar ser ascendida y Michael empieza la carrera de derecho. El reencuentro se produce en un viaje de la univesidad con sus compañeros y el profesor Rohl, excelente el personaje en cuatro pinceladas y la interpretación de Bruno Ganz, a un juicio contra el nazismo.

Este es el punto de fuga del film hacia un análisis de la ética y los comportamientos de las personas y de la vergüenza como drama vital. Sin olvidar el dilema moral de intervenir en las decisiones personales de los seres humanos para salvarlos en una situación límite.

Kate Winslet realiza otra interpretación sobresaliente y nos hace olvidar al anodino joven actor protagonista y el lamentable error de que los libros tan amados se lea en inglés siendo ellos alemanes, así como cierta pretenciosidad de planteamiento.

La película cierra muy bien todas las historias mediante varios anticlímax y contiene momentos de gran belleza como la transformación final de la vergüenza en agradecimiento y esperanza y las escenas en las que la literatura se convierte en vehículo de la felicidad.

Calificación: 6/10.

viernes, 20 de marzo de 2009

Gran Torino (2008) de Clint Eastwood

Clint Eastwood (San Francisco, 1930) ha pasado en unos cuantos años de ser un actor con pocos registros y algunas películas personales al más grande director vivo (no sé si recuerdan quienes lo dicen que todavía viven Scorsese, Spielberg, Coppola o Godard). Me encantan Sin perdón (Unforgiven, 1992), Mystic River (2003) y Million Dollar Baby (2004) y me parecen bastantes buenas El fuera de la ley (The Oulaw Josey Wales, 1976) y Bird (1988) pero no todas sus películas pueden ser aclamadas como obras maestras.

Después la únicamente correcta El intercambio (Changelling, 2008) nos acaba de llegar esta revisitación de su personaje más conocido, lo queramos o no, porque el altamente cuestinable por sus métodos e ideología Harry Callahan marcó la carrera de Eastwood, con cinco películas, una de ellas bajo su batuta, y otros personajes cercanos en otras películas. Arrepentido o, por lo menos, no demasiado conforme con el policía-justiciero, Eastwood elije para su última interpretación, según sus propias palabras, a un veterano de Corea, cascarrabias y recientemente viudo.

La película gira en torno a la relación de Walt Kowalski con su familia y sus nuevos vecinos, emigrantes vietnamitas de la etnia hmong. Sus dos hijos y sus nietos, definidos con gruesos trazos negativos, fluctúan del egoismo a la estupidez y viceversa. Sus vecinos, inicialmente despreciados -"han tomado su barrio"-, se van poco a poco acercando por su condición de víctimas, especialmente el estudiante y tímido hijo.

La eterna y manoseada figura del maestro y el principiante, bloquea las ideas dejando la propuesta en un mero entrenimiento, con momentos graciosos, no voy a negarlo -el aprendizaje de un lenguaje "de los hombres" con los episodios en la peluquería y la obra-. El regerador final no me lo imaginaba y quizá sea lo mejor, una vuelta de tuerca al mito del policía-justiciero.

En fin, una película que se deja ver con una ligera sonrisa cómplice y se olvida con la misma naturalidad.

Calificación: 5/10.

sábado, 21 de febrero de 2009

Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes

La nueva película de Sam Mendes me ha decepcionado. Unos buenos actores bajo la batuta de un sólido director que ya había acertado en una película aparentemente similar, American Beauty (1999), no son suficientes para remontar un guion endeble.

El inicio promete. En una fiesta de los años cincuenta se conocen Frank y April, la distante cámara y el tono edulcorado de la fotografía anticipan su relación. En la siguiente escena en la que Frank asiste al estreno de una obra protagonizada por su mujer, la fotografía ha cambiado. La interpretación ha sido mala. Han pasado los años y las ilusiones han desaparecido entre la rutina y la comodidad. Se anticipa la discusión que surge de camino a casa. El día siguiente Frank va al trabajo, planos horizontales y verticales nos muestran la alineación del individuo en la sociedad, incluso hay un pequeño homenaje a la obra maestra El apartamento (The Apartment, 1960) de Billy Wilder, pero ahí acaba todo.

La película nos presenta sin matices a todos los ciudadanos de clase media a los que critica: infantiles, pesados, reprimidos... Nadie se salva de la quema y el que lo hace es un lunático, todo un alarde imaginativo. Los dos protagonistas están más matizados, indudablemente, pero desde el principio se toma partido por April mostrando a su marido poniéndole los cuernos con una secretaria por puro pasatiempo y actuando bastante egoistamente, lo que desequilibra el análisis de pareja que se pretende.

El problema a mi juicio es de guion porque además de lo comentado, la huida del entorno a París es bastante ridícula y los problemas que surgen se ven venir a la legua, incluido el dramático final. Me gusta el anticlímax con los queridos vecinos que no quieren volver a hablar de los Wheeler y el marido del personaje interpretado por Kathy Bates desconectando el aparato auditivo para no oirla, pero en el conjunto se queda en una anécdota valiosa.

Un film fallido que sólo reluce por la dirección artística y los actores, especialmente Kate Winslet, y tres o cuatro secuencias. Los melodramas de Douglas Sirk quedaron a años luz.

Calificación: 4/10.

sábado, 14 de febrero de 2009

Mi nombre es Harvey Milk (2008) de Gus Van Sant

Antes de la proyección pensaba cómo era posible que no hubieran hecho ninguna película durante treinta años sobre la primera persona abiertamente homosexual que había accedido a un cargo político en Estados Unidos. No era así. En 1984 se rodó el documental The Times of Harvey Milk de Rob Epstein que ganó el Óscar al Mejor Documental.

Esta obra ha sido el punto de partida de Van Sant que se ha servido además de numerosas imágenes de archivo (sólo el fragmento de la victoria electoral se ha reconstruido -y no se oculta-) para confeccionar esta biografía que es la crónica de una muerte anunciada.

Harvey Milk graba por si lo matan, se siente amenazado y lo demuestra en una secuencia, unas cintas en las que cuenta su batalla por los derechos humanos. La película sobrevuela la muerte como Gerry (2002), la excepcional Elephant (2003) y Last Days (2005), pero capta la vida excepcionalmente: la vida en el barrio Castro de San Francisco, los amigos del protagonista, las discusiones electorales o no...

Nos encontramos ante un intento de trasmitir fielmente la vida de este luchador desde su traslado de su Nueva York natal a San Francisco cuando ya contaba con cuarenta años -nunca es tarde para empezar- gracias al minucioso guion del documentalista Dustin Lance Black y apoyada en la espléndida, una vez más, interpretación de Sean Penn.

El desarrollo de la historia consigue con un ritmo creciente implicarnos emocionalmente y la cámara, atenta a los detalles pero consciente de su condición, observa, mira, documenta y no destaca, hasta el final, en el que un plano subjetivo se convierte en la última mirada.

Calificación: 6/10.

domingo, 28 de diciembre de 2008

My Blueberry Nights (2007) de Wong Kar Wai

Estas noches de arándanos nos llegan con un año de retraso pero merece la pena degustarlas lentamente, como la mayoría de las películas de Wong Kar Wai (Shanghai, 1956).

Rodada en inglés, comienza con la visita a un restaurante de Nueva York de una joven. Es la hora casi del cierre, esa que los clientes aprovechan para apaciguar su soledad buscando algo de intimidad con los camareros. Elisabeth (Norah Jones) ha perdido a su pareja y le deja al propietario del restaurante (Jude Law) la llave del piso de su novio por si pasa a recogerla. Otro deseo entre los montones de llaves que se acumulan en un bote.

Un par de noches más y Elisabeth decide convertirse en Lizzy o Beth en su viaje por varios lugares de Estados Unidos, donde conoce otras historias de amor y desamor, de pérdidas y desencuentros, que podrían dar lugar a otras películas igualmente interesantes. Un itinerario del que nacen sentimientos nuevos que propician la vuelta.

La distancia emocional inicial entre los dos personajes principales se nos transmite observándolos a través de cristales o con algún elemento interpuesto entre nosotros -la cámara- y ellos. No hay apenas separación física entre ellos, la barra únicamente, pero todavía son unos desconocidos. La perspectiva de los viajes convierte la distancia emocial en un hilo capaz de romperse simbolizado en el helado goteando que anticipa el inocente beso.

La debutante Norah Jones, ha compuesto varias bandas sonoras, pero es su primera interpretación, hace posible intuitivamente esos encuentros, esas idas, esas dudas, hace creíble esta especie de diario que es la película. El resto del reparto resulta suficientemente creíble, no podía ser de otra manera tratándose de Rachel Weisz, Natalie Portman o David Strathairn.

Seguiremos esperando más collages de espuma de arándanos y luces de neón entre canciones de Cat Power -felizmente versioneado por la protagonista-, Otis Redding, Ruth Brown, Amos Lee o Cassandra Wilson.

Calificación: 6/10.

sábado, 6 de diciembre de 2008

La boda de Rachel (2008) de Jonathan Demme

No veía una película de Jonathan Demme (Long Island, Nueva York, 1944) desde El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991). Parece mentira porque hasta entonces lo había seguido, no sé si intencionadamente por los años que hace, pero había visto gran parte de su irregular carrera, desde El eslabón del Niágara (Last Embrace, 1979) a Casada con todos (Married to the Mob, 1988). Quizá no quise decepcionarme después de su obra maestra.

Hace unos meses, en el Festival de San Sebastián, Demme presentó su tercer acercamiento al genial Neil Young y La boda de Rachel (Rachel Getting Married, 2008) que ahora se ha estrenado entre nosotros.

El planteamiento de la película es bastante sencillo y nos recuerda a muchas otras, Kym (Anne Hathaway) asiste a los preparativos y a la boda de su única hermana (Rosemarie DeWitt), durante los cuales salen a la luz todos los problemas familiares latentes. Un ligero matiz es que se trata de una celebración interracial e intercultural, circunstancia que se ve con la máxima naturalidad, sin llegar a ser determinante en ningún aspecto.

Las bondades de la película no se basan en el correcto guion de Jenny Lumet, hija del estupendo director, si no en la puesta en escena, la música y las interpretaciones. El guion tiene momentos bastante convencionales e incluso ligeramente aburridos como la parte de los discursos después de la cena del primer día.

Demme elige la cámara en mano para rodar la práctica totalidad de la película, opción que puede parecer lógica o incluso obligatoria, pero que dota a la obra de autenticidad y la aleja del dramatismo al uso, convirtiéndola en un vídeo de los que se graban en medio mundo para nuestras celebraciones.

Respecto a los actores y la música, aquéllos destilan autenticidad -remarco al sufrido padre (Bill Irwin) y a la dolida Rachel- y Anne Hathaway se sale. Su interpretación duele hasta muy adentro, bravo por la joven neoyorkina. La música puntea, emociona y forma parte, se dice en algún momento, de todas y cada una de las escenas, no es un elemento adicional sino un protagonista más.

Los agradecimientos finales son, entre otros, a Roger Corman, que aparece en la fiesta final, y a Robert Altman, cineastas con y de los que aprendió este revitalizado Jonathan Demme.

Calificación: 6/10.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Gomorra (2008) de Matteo Garrone

A principios de la pasada década vino a Valencia Francesco Rosi (Nápoles, 1922) a presentar Dimenticare Palermo (1992). Al preguntarle qué le parecía El Padrino (The Godfather, 1972) de Francis Ford Coppola elogió su impresionante calidad cinematográfica pero criticó su retrato romántico del gángster. Él, nacido en la cuna de la camorra, no veía bien admirar a un capo de la Cosa Nostra. Había hecho varias películas retratando la verdadera cara de la delicuencia, como El desafío (La sfida, 1958) o Las manos sobre la ciudad (Le mani sulla città, 1963), vigentes -especialmente la segunda- cuarenta años después.

Acaba de estrenarse Gomorra (2008) de Matteo Garrone, basada en la homónima novela Roberto Saviano (1979), sobre el que pesa una amenaza de muerte por su retrato de la delicuencia napolitana, especialmente por denunciar la fraudulenta gestión de los residuos peligrosos. Admiro su valentía y le deseo la mejor suerte.

La película de Garrone se basa bastante fielmente en cinco de las once historias de la novela, optando también, con el concurso de seis guionistas entre los que se encuentra el director y el escritor, por una exposición coral de la penosa situación de una ciudad en declive.

Los personajes de partida son un niño que tiene que empezar a ganarse la vida, una pareja de adolescentes que adoran al Tony Camonte de El precio del poder (Scarface, 1983) de Brian de Palma, un pagador de una de las bandas que luchan por el poder, un elegante hombre de negocios que ofrece bajos precios para deshacerse de residuos tóxicos y un sastre al servicio de un taller oculto que trabaja para la camorra. Es, pues, un abanico poblacional bastante amplio.

La cámara en mano nos acerca a un barrio entero siguiendo a estos personajes entrelazados, que son víctimas y verdugos de una perspectiva vital sin horizontes. No hay salvación, hay que entrar en el negocio. Sólo el aprendiz del gestor de residuos parece salir de la vorágine.

La película elige la sobriedad como bandera, se aparta de la sangre, abundante, y no busca el feísmo, pero falla en el retrato de los personajes, meras pinceladas de personalidad parecen insuficientes. No obstante, su imponente presentación, sin fisuras, de gran parte de los negocios sucios que se cuecen en la ciudad y su decidida apuesta por la desdramatización de la escalofriante realidad, la convierten en una película necesaria.

Espero que la haya visto Francesco Rosi.

Calificación: 6/10.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Happy, un cuento sobre la felicidad (2008) de Mike Leigh

No parece posible una persona eternamente contenta o que mantiene el humor en el día a día y las películas con personajes absolutamente felices no abundan y cuando aparecen provocan reparos. En los últimos años no recuerdo más que una película llena de optimismo, Amelie (Le fabuleux destin d'Amélie Poulin, 2001) de Jean-Pierre Jeunet, pero era una apuesta por la fantasía, lejos del realismo.

Mike Leigh (Salford, Gran Manchester, 1946) me emocionó denunciando los problemas de la clase media contemporánea en Secretos y mentiras (Secrets & Lies, 1996) y Todo o nada (All or Nothing, 2002) y denunció con éxito la moral inglesa de los años 50 en El secreto de Vera Drake (Vera Drake, 2004). Entre ambas una película pequeña sobre la vida de estudiante y la pérdida de ilusiones que, sin práctico reconocimiento, me gustó bastante, Dos chicas de hoy (Career Girls, 1997).

Ahora nos llega una película más en la línea de esta última, es decir, sin tanta carga dramática, más ligera, que en tono de comedia defiende la alegría como escudo social.

De título original Happy-Go-Lucky, declaración de intenciones como aquí, la principal línea argumental nos presenta a una maestra treintañera llamada Poppy que decide sacarse el carné de conducir cuando le roban su bicicleta y mientras encuentra el amor. En la descripción de su entorno, no olvida Leigh las alusiones al paro y los problemas sociales, como la violencia familiar.

La película se apoya en una excelente interpretación de Sally Hawkins, una joven actriz que habia participado en los anteriores filmes de Leigh. Su naturalidad, pese a la dificultad para hacer creíble el papel, la hace encantadora, te enamoras de ella. La posibilidad de un personaje frívolo o inconsciente se desvanece contemplándola.

Su día a día, sus relaciones con su compañera de piso, con la que convive diez años sin problemas, sus problemas de salud, sus relaciones familiares y sobre todo su relación con su profesor de autoescuela, acertado Eddie Marsan, un personaje frustado por sus prejuicios y su imposibilidad de comunicar sus sentimientos, son mostrados sin asperezas, combinando los momentos intimistas en interiores con los exteriores, los diálogos -siempre brillantes- más densos con los más suevas y frescos.

Calma y sencillez, sutileza y calidez son las principales armas de una inteligente película sobre seres felices en un mundo infeliz que nos deja un sabor de boca a buen cine.

Calificación: 6/10.

domingo, 19 de octubre de 2008

Vicky Cristina Barcelona (2008) de Woody Allen

Querido Woody Allen:

He visto todas tus películas casi puntualmente ya que algunas las estrenaste cuando acababa de nacer. He amado Nueva York contigo y gracias a ti. Me reí especialmente con tu primera etapa, pero también muchas otras veces, especialmente cuanto te veía en la pantalla. Homenajeaste a Bergman, casi siempre acertadamente. Las calles y los bares fueron tus escenarios, la época, el presente.

¿Pero últimamente qué te ha pasado? Desde Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, 1997) te he encontrado cansado, sin esa chispa en los diálogos que antes bordabas, sólo con Match Point (2005) demostraste tu casi inagotable talento. Ahora nos ha llegado una postal tópica con actores desaprovechados de dos ciudades españolas.

Esta última obra, por ahora, abusa de la voz en off, repite las imágenes más bellas, pero más manidas, de una ciudad como Barcelona que tiene miles de caras. Los actores, indudablemnte solventes, están sin orientación y se ajustan a tópicos, especialmente la histérica Penélope Cruz -en un personaje hipérbole del cine de Almodóvar- y la turista Scarlett Johanson. ¿Y Bardem? Un pintor que es bohemio porque visita el barrio chino pero tiene avioneta y vive en Pedralbes. Increíble.

Acertada, hay que reconocerlo, está Rebecca Hall, el personaje con más matices, más redondo, con más evolución. No al principio, porque tanto ella como su novio son los típicos burgueses enconsertados en una clase y unas actitudes demasiado vistas.

Respecto a la banda sonora, sinceramente, creo que es lo peor. El tema central del grupo afincado en Barcelona Guilia y los Tellarini se repite hasta la saciedad para recordarnos insistentemente lo malo que es. El clásico Entre dos aguas de Paco de Lucía encaja mejor como leitmotiv pero se ahoga entre tanto flamenco, imprescindible, aunque no venga a cuento, en toda película ambientada en España.

De todas maneras, seguiré persiguiendo cada película que estrenes y emocionándome con Manhattan, Annie Hall, Zelig... y muchas otras.

Calificación: 2/10.

martes, 14 de octubre de 2008

El caballero oscuro (2008) de Christopher Nolan

La última aventura cinematográfica de Batman es la película más comentada en los blogs, la cuarta mejor de la historia por votación popular -IMDb-, la segunda más taquillera de la historia en Estados Unidos y la cuarta en todo el mundo. Con estos datos, acercarse a la película casi asusta y más cuando está casi de reestreno y ya se ha dicho todo.

Christopher Nolan (Londres, 1970) ha dirigido seis largometrajes en diez años consiguiendo con su audacia, y buen hacer, por supuesto, un prestigio inusitado para alguien tan joven. Memento (2000) asombró a medio mundo y tanto Batman Begins (2003) como El truco final - El prestigio (The Prestige, 2006) cosecharon buenas críticas y atrayeron a masas de aficionados. Nada, sin embargo, comparado con El caballero oscuro (2008), la más esperada película del año.

La perfección de la estrategia del superhéroe contra el crimen organizado conduce a un callejón sin salida a los grupos -bastante mal dibujados por arquetípicos- que controlan los negocios sucios de la ciudad. La experiencia y cultura del mal está acorralada y sólo un villano sin pasado o con muchos pasados, un miserable caótico pero omnipresente puede colapsar nuevamente todo el sistema. No valen entonces ni policías ni valientes defensores de la ley.

Este personaje, felizmente interpretado, es el protagonista de la película que deja en la sombra al superhéroe, cuestionado -como en algunas de las últimas adaptaciones- por la sociedad que defiende. Heath Ledger logra una intensidad dramática difícil de rastrear en anteriores malos del cine.

Afortunadamente no está solo porque los nuevos secundarios, Aaron Eckhart en su papel de defensor que deviene en vengador o Maggie Gyllenhaal como valiente compañera y vertice del triángulo amoroso, bastante digno todo sea dicho, y alguno de los antiguos, como Gary Oldman, mantienen el tipo bastante acertadamente. Morgan Freeman y Michael Caine tienen menos diálogos y no tan conseguidos, pienso en los toques cómicos del último.

La arquitectura narrativa, apabullante pero no artificiosa, la banda sonora, las escenas de acción -alucinante la persecución del furgón- y la sempiterna, pero no por ello desaprovechada, dualidad héroe-villano, conforman una película estupenda de obligada visión.

Calificación: 7/10.

lunes, 6 de octubre de 2008

Caos calmo (2008) de Antonello Grimaldi

Las relaciones entre Caos calmo del desconocido Antonello Grimaldi, siete años dedicado a la televisión y seis largometrajes en veinte años, y La habitación del hijo (La stanza del figlio, 2001), la esplendida película de Moretti, van más allá de la presencia de éste como actor principal y coadaptador de la novela de Sandro Veronessi.

Nos encontramos, yo a última hora porque la he repescado en el único cine de reestreno que hay en mi ciudad, con una obra sobre la pérdida de un familiar y la soledad que descubre la desgracia.

En Caos calmo muere la esposa de Pietro Paladini, un alto ejecutivo de una empresa italiana a punto de fusionarse con otra americana, en aquélla el hijo del personaje interpretado por Moretti. Una pérdida de un ser muy amado en aquélla y no tanto en ésta. En ambas, la soledad descubierta es enorme, pero en Caos calmo es pasada, puesto que Pietro apenas conocía ni a su hija ni a su mujer, mientras que en La habitación del hijo se va haciendo presente poco a poco a lo largo de todo el metraje. El dolor explota desde el primer momento en la película de Moretti mientras que en la de Veronessi no aparece y por eso se empeña Pietro en buscarla, en una curiosa ironía. Parecen dos miradas antagónicas sobre los sentimientos.

Ambientada en el microcosmos de un parque frente al colegio de su hija, con sus imposiciones como el saludo de su coche al niño con síndrome de Down y los paseos de los vecinos por él, el caos que soporta internamente Pietro nunca llega a desbordarse a pesar de sus compañeros de trabajo que no hacen más que agobiarlo con sus cuitas empresariales sobre la dichosa fusión y su cuñada no deja de contarle tonterías. Esta dificultad de casi un único escenario se resuelve con solvencia al igual que la omnipresencia de Moretti, un recital interpretativo.

No obstante, la película no acaba de encajar bien el tono entre cómico y dramático que plantea y la presencia de canciones en determinados momentos así como su sátira social, como la intervención de Roman Polanski como amante celoso, resulta bastante flojita.

El prometedor arranque no acaba de despegar, desaprovechándose circunstancia de la falta de ayuda a su esposa por salvar la vida a otra mujer, y un final acomodaticio acaban por hacer temblar la película.

Calificación: 4/10.

martes, 30 de septiembre de 2008

Che, el argentino (2008) de Steven Soderbergh

Basada en el libro de Ernesto "Che" Guevara Recuerdos de la guerra revolucionaria cubana (1963) el guionista Peter Buchman y el director Steven Soderberg nos presentan la primera parte de un díptico -la segunda, Guerrilla no tiene fecha de estreno- sobre la vida del líder revolucionario en el período comprendido entre 1955 y finales de 1958.

A mediados de 1955 los hermanos Castro, recientemente amnistiados, crean el Movimiento 26 de julio, se establecen en México y conocen a Guevara. Esta línea argumental es mostrada con grano grueso y color ambarino, clandestina y en la distancia, con una intención clara de amateurismo para destacar su valor de documento. La misma inquietud mueve la visita de El Che a la O.N.U., la parte que más me gusta por su justo realismo en blanco y negro, más documentado visualmente, a pesar de la licencia artística del encuentro con McCarthy que nunca sucedió.

La revolución en Cuba es la principal apuesta de la película. Soderbergh elige las más cuidada frialdad narrativa para no caer en la exaltación del líder, ser más fino, más objetivo. Lo consigue en parte, porque el guion penaliza la dirección ocultando la parte menos amable de Guevara -en el film nunca ejecuta a nadie personalmente y cuando ordena hacerlo es en los casos en que sus hombre actuaron cruelmente, por ejemplo- convirtiéndolo por omisión en una figura idealizada. El realismo y la inmediatez son buscados y resultan admirables pero se acumulan demasiadas escenas revolucionarias sin progresión dramática que lastran el conjunto.

Benicio del Toro llena la pantalla de matices con sus voz y sus miradas en una memorable interpretación con un acento ni porteño, ni cubano ni portorriqueño. Demián Bichir está bien, pero me dio la sensación de que en algunos momentos imitaba a Fidel Castro, será porque nos sabemos de memoria su gestos y dicción.

Un film desajustado en su búsqueda de realismo y autenticidad.

Calificación: 4/10.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Los girasoles ciegos (2008) de José Luis Cuerda

Alberto Méndez (1941-2004), editor, guionista y traductor, publicó su único libro Los girasoles ciegos en 2004 y no fue testigo de su éxito de crítica ni de público, este último en base al boca a boca.

José Luis Cuerda (Albacete, 1947), experimentado adaptador literario, recordemos El bosque animado (1982), La lengua de las mariposas (1999) o La educación de las hadas (2006), ha elegido el segundo y el cuarto relato del libro para ofrecernos un catálogo de situaciones ya vistas de la posguerra española.

El joven diácono Salvador (Raúl Arévalo) ha perdido un poco la vocación después de participar en la contienda civil y su rector en el seminario (José Ángel Egido) lo envía a impartir clases en un colegio de Orense. La lujuria se apodera de él y persigue a Elena (Maribel Verdú) que tiene a su marido Ricardo (Javier Cámara) escondido. Éste es el argumento principal de la película, tomado del cuarto cuento. El segundo, la historia de un poeta perseguido que se esconde en el bosque, otra derrota según Méndez, tiene un carácter anecdótico en el film, a pesar de su dureza y pesimismo; queda desdibujada y presentada a destiempo con las pocas pinceladas que nos muestran Azcona y Cuerda.

El principal problema de la película a mi juicio es la vuelta a los lugares comunes que estamos habituados a ver en demasiadas películas, asentados aquí en un simbolismo de tan esquemático como inexistente, ¿dónde ha quedado la ironía de Azcona? La puestas en escena y en serie son totalmente planas, acomodadas, sin resquicio para la imaginación.

¿Y los actores?, base primordial del cine de Cuerda. Maribel Verdú y Javier Cámara bien, como siempre. José Manuel Egido está soberbio en un personaje pequeño pero agradecido. Roger Príncep, encantador. Raúl Arévalo, sin embargo, me parece poco creíble, más que malestar me produce estupefacción, es otro de los puntos débiles de la película teniendo en cuenta que soporta gran parte de su peso.

Me he sentido un poco decepcionado, sinceramente. Creo que no se ha sido valiente en la adaptación, que se ha optado por lo seguro, sin garra, sin ambición. Es como si le hubiera pesado la responsabilidad al director que no le tembló la mano con Amanece, que no es poco.

Calificación: 4/10.

domingo, 24 de agosto de 2008

Peregrinos (2005) de Coline Serrau

La actriz, guionista y directora Coline Serrau (París, 1947) se presentó al mundo con su cuarta película, Tres solteros y un biberón (1985), y desde entonces ha hecho realidad ocho proyectos más, dignos y regularmente estrenados en España, pero sin la misma repercusión fuera de su país. Ahora nos llega su penúltima película, casi tres años después de ser rodada.

Peregrinos cuenta la historia de tres hermanos que se odian entre sí pero que para cobrar la herencia de su madre deben recorrer juntos el Camino de Santiago desde uno de sus inicios en Francia, el municipio del Alto Loira Le Puy-en-Velay.

Un innecesario prólogo que sigue el itinerario de las tres cartas que citan a los herederos entronca directamente con el albacea y los rostros de los tres hijos. Clara (Muriel Robin) es profesora de instituto y revolucionaria en potencia, Pierre (Artus de Penguern) es un estresado empresario y Claude (Jean-Pierre Darrousin, viejo conocido de interpretaciones con Robert Guédiguian y Jean Becker) es un parado separado y alcóholico. Después de unas ajustadas pinceladas para conocer las familias de los hermanos, nos sumergimos en su peregrinaje con el guía y cinco personajes más: una mujer que acaba de superar una grave enfermedad y cuatro jóvenes, dos chicas y dos chicos -musulmanes de ahí el título original Saint-Jacques... La Mecque -, uno de ellos enamorado de una de ellas.

En el camino, iniciático como es de esperar, los ánimos entre los hermanos y la relación entre todos irá madurando mediante enfados, miedos, amoríos... Las escenas intimistas se alternan con la belleza de los paisajes, contraponiendo la placidez de éstos con la tensión de aquéllas, sus panorámicas y planos generales a los primeros y medios planos. Vemos también los sueños de los personajes, algunos de ellos pesadillas, presentados sin convicción, decorativamente. El final, ya podemos imaginárnoslo.

Una comedia con sus pequeñas dosis críticas hacia la burguesía y algunos buenos momentos, el análisis de las peticiones de las monjas por ejemplo, pero que no aporta nada nuevo al panorama cinematográfico.

Calificación: 4/10.

jueves, 21 de agosto de 2008

WALL-E (2008) de Andrew Stanton

El pequeño WALL-E nos conquista el corazón. El pobre trabaja incansablemente y no se queja. Colecciona las cosas que le hacen gracia o en las que ve valor, como el estuche en vez de la anillo, y se aturde por falta de energía haciéndonos reír. Se enamora a primera vista y es capaz de recorrer el universo por su amada. Es el último idealista y el último habitante de la Tierra.

La película puede dividirse fácilmente en dos partes. La primera, arriesgada y apocalíptica, deudora de Keaton y del genial vagabundo creado por Chaplin. La segunda, trivial y atropellada, absurda como la mente de los humanos supervivientes y llena de homenajes -que casi es lo mismo que falta de ideas-.

Técnicamente soberbia en todo su metraje, adolece de la necesidad última de contentar al público infantil y se hace previsible desde la llegada a la nave de las eternas vacaciones. Las metáforas se convierten en burdas descripciones y la divertida constancia del robot limpiador Mo no impide algún que otro bostezo.

Una película muy irregular salvada por la emotividad de su protagonista.

Calificación: 6/10.

lunes, 14 de julio de 2008

Una chica cortada en dos (2007) de Claude Chabrol

Grande es el amor al cine de los miembros de la nouvelle vague. Casi cincuenta años después de su explosión todos los directores vivos siguen en la brecha, y yo diría que a buen ritmo, o, mejor dicho, a su ritmo habitual. No les pesan los años. Claude Chabrol (París, 1930) tiene en cartel Una chica cortada en dos y ya está rodando otra vez.

Basada en un hecho real sucedido en Nueva York a principios del siglo pasado, inspirador de La muchacha del trapecio rojo (1955) de Richard Fleischer, la pelícual se ajusta de partida bastante bien a la temática sobre la que gira toda la obra de Chabrol: las relaciones entre los miembros de la burguesía o entre los de la burguesía y la clase media.

Ambientada en la Francia actual, nos encontramos ante un ajustado análisis de las motivaciones y los sentimientos de los personajes, bien interpretados, una tensión creciente y un clímax. Nada que reprochar al conjunto, todo es adecuado y preciso, incluso la ironía del destino laboral de la chica tiene su gracia, sin embargo, no me acaba de emocionar, no acaba de cuajar.

Los personajes, antipáticos todos desde el principio, a propósito claro, no me parecen representativos más que de ellos mismos, no trascienden la pantalla, me producen letargo. Los conflictos los veo lejanos, poco probables para todos los mortales excepto para los personajes. La dirección, invisible pero correcta en general, pierde agilidad conforme avanza la película. Nos encontramos ante un traje que está bien cortado pero que no nos sienta del todo bien.

Calificación: 4/10.

viernes, 11 de julio de 2008

Los cronocrímenes (2007) de Nacho Vigalondo

¿Cómo ha estado año y medio sin distribuirse una película de un género comercial que ha recibido tres premios internacionales? No puede entenderse, pero eso ya es pasado y a no ser que utilicemos otra máquina del tiempo no podremos averiguarlo.

Partiendo del aburrimiento -¿La ventana indiscreta?- y de la lujuria del protagonista, perfectamente interpretado por Karra Elejalde, nuestra situación privilegiada de espectadores más allá del tiempo y el espejo se ve desmontada por un guión que cuadra milimétricamente y nos convierte, finalmente, sorpresa tras sorpresa, en marionetas.

Aparecen una momia rosa que nos recuerda a El hombre invisible (1933) de James Whale, un joven "mad doctor" aturdido, regular Vigalondo, un laboratorio sencillo tipo jacuzzi y un par de actrices desaprovechadas. Unos conflictos muy esquemáticos, por no decir inexistentes, unos comportamientos curiosos, como la nula sorpresa de Bárbara Goenaga al descubrir la momia, y una música acertada con la estupenda canción Picture This (1978) de Blondie que tiene algunos puntos de contacto en su letra. Todo presentado con una puesta en escena sobria, en la que únicamente destacan los planos iniciales de la salida del supermercado y la apertura del maletero y el genial, rotundamente, plano final con la pareja destrozada mirando el espectáculo, reflejo de nosotros mismos.

La película posiblemente más comentada de la red me pareció llena de ingenio y de pequeños detalles que merecen la pena recomendarla.

Calificación: 6/10.

martes, 24 de junio de 2008

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Pertenezco a la generación que vió estrenarse En busca del arca perdida (1981) y reconozco que me encantó. No se asemejaba al cine de aventuras que veíamos en las sobremesas de los sábados, pero pasó a formar parte de mi imaginario.

Casi veinte años después, Spielberg nos embarca en una nueva aventura del doctor Jones en la que más allá del interés por volver a reinar en las taquillas, en los noventa casi todas las películas más taquilleras de la historia estaban dirigidas por él o por George Lucas, entiendo que lo ha hecho como un autohomenaje a su trilogía y, especialmente, a la primera: una comienza donde acaba la otra, los dos carteles son muy parecidos, se recupera a Karen Allen, seguimos los viajes sobre parecidos mapas...

El caso es que en esta cuarta entrega, las citas al cine de aventuras clásico, la serie de Tarzán o Cuando ruge la marabunta (1954), son cortinas de humo a la autocita constante: la sombra, el sombrero, la serpiente, los extraterrestres... y eso nos produce cierta sonrisa, pero nada más. Y es que el guión ha puesto muy caro a esta película alcanzar una autonomía y calidad importante: los malos son los comunistas en los primeros pasos del rock&roll, tenemos una relación paterno-filial que ya habíamos visto y que aquí está completamente desdibujada, todos los personajes se desaprovechan porque están al servicio de Indy (como el de John Hurt o Cate Blanchett), nuestro héroe se casa...

Fotografiada con "criterios visuales de línea clara" ¿para asemejarse al cómic? que le dan un aire de irrealidad innecesario y no sometida a la dictadura de los efectos especiales como en otras sagas de los últimos años, aunque los hay y muchos, la película hace pasar el rato, me reí con lo de la serpiente, sin llegar a engancharse a nuestra memoria.

Calificación: 4/10.

viernes, 13 de junio de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto

Sidney Lumet (Philadelphia, 1924), uno de los mejores cronistas de Nueva York junto a Woody Allen, Martin Scorsese y Spike Lee, nos acaba de regalar Antes que el diablo sepa que has muerto.

Firmada por el guionista debutante Kelly Masterson, la película deja de lado el análisis de la institución policial tan querido en Lumet para adentrarse en la miseria moral de los miembros de una familia. Estamos ante un drama muy negro con unos personajes cuidados al máximo que desencadenan todas sus frustaciones, rabias y podredumbre a partir de un teóricamente atraco perfecto planeado por dos hermanos, uno aparentemente triunfador y otro fracasado, pero en el fondo perdedores ambos.

La trama estalla desde el primer momento, pero con el fin de descargar emocionalmente al espectador, de perder intensidad dramática, no se desarrolla linealmente sino desde la perspectiva de los distintos personajes, es decir, se repiten algunas escenas para cambiar de punto de vista, tal como ha hecho últimamente Gus Van Sant pero diferente a la obra maestra Rashomon (1950) de Akira Kurosawa en la que la historia cambiaba con cada mirada. Una arquitectura narrativa a mi juicio acertada para paliar el efecto de la espiral de violencia que se desencadena.

Excelentes actores dan vida a esta peculiar familia, me sorprendió Marisa Tomei, ya no me acordaba de ella, en una tragedia con un final durísimo que confirma que por Lumet no pasan los años por muchos óscares honoríficos que le den.

Calificación: 6/10.