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miércoles, 1 de julio de 2009

Nos atrapó La Garra de U2

Sobrevolaba los diarios desde hacía días. El escenario más comentado de los últimos años, La Garra (The Claw), está formada por cuatro patas que sostienen una cúpula a cincuenta metros de altura. Una pantalla circular casi infinitamente flexible nos iba a acercar a cada gesto de cada mago con diecisiete cámaras.

Ligeramente pasadas las diez de la noche los irlandeses más universales salieron desde el centro del escenario al ritmo de una batería. Dicen que sus nuevas canciones son la razón de su gira y lo demostraron con las cuatro primeras que entonaron. Beautiful Day cambió el signo, recordaron otros discos y el público lo agradeció: I Still Haven't Found... fue seguida de Angel of Harlem, con dedicatoria incluida a Michael Jackson y unas estrofas de Man in the Mirror en sus imposibles agudos.

Entre medias contactaron con la estación interespacial y nos subtitularon en catalán su diálogo en directo. Sin duda fue obra de La Garra con su mástil apuntando al infinito. Un escenario que impidió la imagen habitual de conjunto del grupo en el afán de todos de llegar a cada ángulo del estadio para acercar cada latido al escenario.

U2 homenajearon a Aun Sang Suu Kyi, con desfile incluido, a Martin Luther King con su canción MLK y a Desmon Tutu con imágenes y mensaje. Se agradece la actitud combativa y reivindicadora de un grupo que tuvo su momento culminante de la noche con el enlace de la nueva I'll Go Crazy If I Don't Go Crazy Tonight, la inigualable Sunday Bloody Sunday, más endurecida que en el original, y la genial Pride (In the Name of Love).

El concierto nos hizo tocar el cielo a pesar de las dudas de Bono con One y el bis, bien cimentado con Ultraviolet pero bastante deteriorado con With or Without You, seguramente por el cansancio, y algo perdido con el micro colgante que iba y venía como su despedida, Moment of Surrender.

Volvería.


lunes, 21 de julio de 2008

Bruce Springsteen and the E Street Band 2008 Tour - Barcelona 20/07

Regreso de un ejercicio de adoración colectiva. Ayer vi a Bruce Springsteen en directo en el Camp Nou.

El concierto, previsto para las nueve y media, empezó cuarenta minutos después, pero no importó. En cuanto El Boss apareció en el escenario, las 70.000 personas que llenábamos el estadio, empezamos a sonreir mientras se paralizaba el tiempo. Sabedor de su condición, antes de coger ninguna de sus guitarras, se paseó a lo largo y ancho de su altar-escenario mimando el vínculo perfecto que mantiene con todos sus seguidores desde no se sabe cuando.

Tenth avenue freeze-out y Radio Nowhere abrieron el set. El sonido era bastante aceptable y Springsteen modulaba bien una garganta con alguna sombra de afonía que no debilitaba sus grandes letras. Era una noche de canciones olvidadas, de canciones pedidas por el respetable, como corresponde a cada segundo concierto que celebra en una ciudad. Sonaron Light of Day y This Hard Land, Youngstown y I'm Going Down y con Working on the Highway -me gusta esta anacronía, tengo que reconocerlo- se marcó un gracioso bailecito. Aunque el doble The River (1980) se quedó en el olvido, Prove All Night, Darkness on the Edge of the Town y Long Walk Home funcionan al máximo en una primera parte que culminó Badlands.

Los bises comenzaron dos minutos después con Thunder Road, genial esta vez y siempre, a la que siguieron Detroit Medley, prescindible, la inigualable Born to Run, Rosalita (Come Out Tonight) a petición popular -lo siento pero no me entusiasma demasiado-, Bobby Jean, American Land y, para acabar, Twist and Shout.

Tres horas de complicidad y entrega sin parar más que un par de minutos, con momentos de cansancio y descensos en la intensidad, no es posible mantener el nivel tanto tiempo, en las que el enfebrecido público levitaba cada vez que su rockero más querido se acercaba y se dejaba agarrar las piernas envuelto entre brazos alzados.

Faltaron Because the Night, Hungry Heart y Born in the U.S.A. Nadie es perfecto.

jueves, 6 de marzo de 2008

The Cure - MTV Winter Festival 2008



La celebración de la primera edición del MTV Winter Festival en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia nos permitió reencontrarnos con The Cure.

Dentro de la gira europera para presentar su décimotercer álbum de estudio, alrededor de 30.000 espectadores, 35.000 según los organizadores, prácticamente llenamos el estanque desecado para la ocasión. La formación se presentaba con el fundador y gurú Robert Smith, el guitarrista Porl Thompson y el bajista Simon Gallup, presencias casi primigenias, y el batería Jason Cooper.

Comenzaron lentamente, intentando crear ese clima sugerente pero a la vez inquietante que los convirtió en ídolos en los 80, y a las canciones del álbum que se presenta el 5 de mayo se sucedieron varias de su disco más homogéneo, cuidado e hipnótico, Disintegration (1989), léanse Pictures of You, Lovesong, Prayers of Rain o Lullaby, sin olvidar la anterior The Walk, hasta alcanzar la mitad del concierto con la terna de éxitos Friday I'm In Love, In Between Days y Just Like Heaven.

Fiel a sus planteamientos de directos, Smith intentó repasar gran parte de su discografía y siguió envolviéndonos con sus atmósferas after-punk pero el público empezó a cansarse, era miércoles y el frío envaraba el cuerpo, y hubo algunos abandonos que nos permitieron acercarnos al escenario y ver el apoteósico final con, seguidas, sin respiro, Close To Me, Why Can't I Be You?, Boys Don't Cry, la que más levantó al personal, y A Forest, quizá la más perfectamente ejecutada de todo el concierto.

Dos horas y media de directo que conducen a inevitables altibajos hasta producir una sensación de esfuerzo innecesario por parte de un grupo que sigue en buena forma y mantiene las señas de identidad que llenaron las mesas de los institutos con su nombre.
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Anteriormente, los jóvenes californianos From First to Last y los finlandeses HIM -His Infernal Majesty- desgranaron sus canciones en un par de horas. El trabajo, el aparcamiento y las colas nos impidieron disfrutarlos.