Sobrevolaba los diarios desde hacía días. El escenario más comentado de los últimos años, La Garra (The Claw), está formada por cuatro patas que sostienen una cúpula a cincuenta metros de altura. Una pantalla circular casi infinitamente flexible nos iba a acercar a cada gesto de cada mago con diecisiete cámaras.Ligeramente pasadas las diez de la noche los irlandeses más universales salieron desde el centro del escenario al ritmo de una batería. Dicen que sus nuevas canciones son la razón de su gira y lo demostraron con las cuatro primeras que entonaron. Beautiful Day cambió el signo, recordaron otros discos y el público lo agradeció: I Still Haven't Found... fue seguida de Angel of Harlem, con dedicatoria incluida a Michael Jackson y unas estrofas de Man in the Mirror en sus imposibles agudos.
Entre medias contactaron con la estación interespacial y nos subtitularon en catalán su diálogo en directo. Sin duda fue obra de La Garra con su mástil apuntando al infinito. Un escenario que impidió la imagen habitual de conjunto del grupo en el afán de todos de llegar a cada ángulo del estadio para acercar cada latido al escenario.
U2 homenajearon a Aun Sang Suu Kyi, con desfile incluido, a Martin Luther King con su canción MLK y a Desmon Tutu con imágenes y mensaje. Se agradece la actitud combativa y reivindicadora de un grupo que tuvo su momento culminante de la noche con el enlace de la nueva I'll Go Crazy If I Don't Go Crazy Tonight, la inigualable Sunday Bloody Sunday, más endurecida que en el original, y la genial Pride (In the Name of Love).
El concierto nos hizo tocar el cielo a pesar de las dudas de Bono con One y el bis, bien cimentado con Ultraviolet pero bastante deteriorado con With or Without You, seguramente por el cansancio, y algo perdido con el micro colgante que iba y venía como su despedida, Moment of Surrender.
Volvería.

