Hace unos meses recuperé El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999). Sus fallos de ritmo, sus repeticiones en el filo del aburrimiento o su manipuladora promoción no pueden ocultar su desparpajo, su hábil planteamiento, simulación amateur -bastante vilipendiada por la crítica-y su final, cuanto menos inquietante.
En pocos minutos el desconcierto se convierte en terror, los juegos pasan a ser amenazas y tu compañero deja de serlo.