Nacido en el seno de una familia de origen judío, Hans Brahm (Hamburgo, 1893 - Malibú, California, 1982) empezó su carrera artística en la interpretación, su padre era actor de variedades y su tío productor teatral y descubridor de Max Reinhardt, y continuó en la dirección en la que llegó a ser uno de los más importantes directores escénicos durante la República de Weimar. Con la llegada al poder de Hitler se trasladó a Reino Unido donde realizó una película. La película empieza con una pareja que se dirige a una boda sorprendida de la rápidez con la que su sobrino se va a casar con Nancy (Gene Raymond), una joven ajena a sus ambientes. Al conocer a la novia participan del entusiasmo del marido, sin embargo, un desconocido (Brian Aherne), doctor en psicología, quiere hablar con éste. Le comunica que ella ya está casada y es la autora moral de la muerte de su anterior novio (un jovencísimo Robert Michum). Esta declaración nos abre la puerta a un torrente de flash-backs encadenados uno dentro del otro.
En el primero vemos la historia con su anterior marido, en el segundo descubrimos el porqué del suicidio y en el tercero conocemos algunos episodios de su infancia. El argumento, valiente, con tres saltos en el tiempo, alguno de ida y vuelta, puede parecer excesivamente artificioso pero en manos de Brahm deviene en sumamente misterioso e inquietante.
Apoyado en una estética expresionista, la película se convierte en la demostración de una perturbación mental, con sus alucionaciones, sus claroscuros, sus abismos y sus mentiras y en la exposición de la constante más importante de su autor, el equilibrio entre lo racional y lo misterioso, lo perverso y lo trágico.La tensión narrativa se mantiene hasta el último fotograma en el que se descubre que el hombre que ha iniciado la narración no necesita seguir estando ingresado en una clínica como Nancy quiere. La puesta en escena de estos descubrimientos es brillante: al plano del objeto provocador del trauma, sucede un contrapicado que encuadra el rostro desencajado de Nancy dentro del velo y en la siguiente escena, mientras se acerca al altar, van apareciendo en picado en la alfombra víctimas y verdugos de su desvarío que la acosan para que no consiga alcanzar su felicidad.
Calificación: 7/10.







