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martes, 2 de junio de 2009

The Visitor (2008) de Thomas McCarthy

Seguramente se hubiera estrenado de tapadillo en alguna sala durante un par de semanas de no haber sido por la nominación al Óscar al Mejor Actor de Richard Jenkins, pero los premios o las nominaciones suelen ayudar en la taquilla y nos permiten descubrir pequeñas joyas aunque sea casi en la repesca en mi caso.

La historia a priori algo sosa de un profesor universitario deprimido por el fallecimiento de su esposa -Jenkins- que regresa a su casa en Nueva York y encuentra a una pareja que vive en su piso y es contagiado poco a poco por la alegría del músico "okupa", igualmente espléndido Haaz Sleiman, da un giro sorprendente cuando detienen al joven casualmente en el metro y descubrimos que es un inmigrante ilegal.

La película, atenta hasta ese momento a la evolución emocional del profesor, simbólicamente atascado en el piano del pasado que no sabe tocar y renovado con el yembé que instintivamente domina, aboga entonces por la convivencia entre culturas y por la ruptura de los prejuicios sin olvidar la crítica al irracional e inhumano trato oficial a los inmigrantes.

Desconozco la opera prima de Thomas McCarthy pero con esta película da en el clavo. Su guion fluye tranquilo en base a pequeños detalles y no carga las tintas con los graves problemas que plantea. Su dirección es delicada, no abusa ni de primeros planos ni de aparatosos movimientos de cámara, ni nos avasalla con cincuenta planos por minuto, y sabe sacar partido a actores prácticamente desconocidos que matizan los sentimientos sin estridencias.

Una de las mejores películas en lo que va de año.

Calificación: 7/10.

viernes, 3 de abril de 2009

El lector (2008) de Stephen Daldry

La película ama la literatura desde el título al último fotograma. Y la literatura la hace grande, porque estamos ante una obra con un estupendo guion.

Michael Berg (Ralph Fiennes) recuerda, conseguida elipsis del tranvía, su vida de adolescente en la Alemania de mediados de los cincuenta y su amor por la enigmática Hanna Schmitz, una mujer que le pide que le lea primeramente después de hacer el amor y luego como requisito previo. Esta es la novedad a muchas historias semejantes de iniciación o de madurez y supone el aliciente más importante a esta primera parte, la más débil de la película.

Hanna huye para evitar ser ascendida y Michael empieza la carrera de derecho. El reencuentro se produce en un viaje de la univesidad con sus compañeros y el profesor Rohl, excelente el personaje en cuatro pinceladas y la interpretación de Bruno Ganz, a un juicio contra el nazismo.

Este es el punto de fuga del film hacia un análisis de la ética y los comportamientos de las personas y de la vergüenza como drama vital. Sin olvidar el dilema moral de intervenir en las decisiones personales de los seres humanos para salvarlos en una situación límite.

Kate Winslet realiza otra interpretación sobresaliente y nos hace olvidar al anodino joven actor protagonista y el lamentable error de que los libros tan amados se lea en inglés siendo ellos alemanes, así como cierta pretenciosidad de planteamiento.

La película cierra muy bien todas las historias mediante varios anticlímax y contiene momentos de gran belleza como la transformación final de la vergüenza en agradecimiento y esperanza y las escenas en las que la literatura se convierte en vehículo de la felicidad.

Calificación: 6/10.

viernes, 20 de marzo de 2009

Gran Torino (2008) de Clint Eastwood

Clint Eastwood (San Francisco, 1930) ha pasado en unos cuantos años de ser un actor con pocos registros y algunas películas personales al más grande director vivo (no sé si recuerdan quienes lo dicen que todavía viven Scorsese, Spielberg, Coppola o Godard). Me encantan Sin perdón (Unforgiven, 1992), Mystic River (2003) y Million Dollar Baby (2004) y me parecen bastantes buenas El fuera de la ley (The Oulaw Josey Wales, 1976) y Bird (1988) pero no todas sus películas pueden ser aclamadas como obras maestras.

Después la únicamente correcta El intercambio (Changelling, 2008) nos acaba de llegar esta revisitación de su personaje más conocido, lo queramos o no, porque el altamente cuestinable por sus métodos e ideología Harry Callahan marcó la carrera de Eastwood, con cinco películas, una de ellas bajo su batuta, y otros personajes cercanos en otras películas. Arrepentido o, por lo menos, no demasiado conforme con el policía-justiciero, Eastwood elije para su última interpretación, según sus propias palabras, a un veterano de Corea, cascarrabias y recientemente viudo.

La película gira en torno a la relación de Walt Kowalski con su familia y sus nuevos vecinos, emigrantes vietnamitas de la etnia hmong. Sus dos hijos y sus nietos, definidos con gruesos trazos negativos, fluctúan del egoismo a la estupidez y viceversa. Sus vecinos, inicialmente despreciados -"han tomado su barrio"-, se van poco a poco acercando por su condición de víctimas, especialmente el estudiante y tímido hijo.

La eterna y manoseada figura del maestro y el principiante, bloquea las ideas dejando la propuesta en un mero entrenimiento, con momentos graciosos, no voy a negarlo -el aprendizaje de un lenguaje "de los hombres" con los episodios en la peluquería y la obra-. El regerador final no me lo imaginaba y quizá sea lo mejor, una vuelta de tuerca al mito del policía-justiciero.

En fin, una película que se deja ver con una ligera sonrisa cómplice y se olvida con la misma naturalidad.

Calificación: 5/10.

martes, 3 de marzo de 2009

La huella de un recuerdo (1946) de John Brahm

Nacido en el seno de una familia de origen judío, Hans Brahm (Hamburgo, 1893 - Malibú, California, 1982) empezó su carrera artística en la interpretación, su padre era actor de variedades y su tío productor teatral y descubridor de Max Reinhardt, y continuó en la dirección en la que llegó a ser uno de los más importantes directores escénicos durante la República de Weimar. Con la llegada al poder de Hitler se trasladó a Reino Unido donde realizó una película.

Instalado en Hollywood en 1937, cambió de nombre y empezó una interesante carrera cinematográfica llena de altibajos en la que tocó prácticamente todos los géneros casi siempre dentro de los parámetros de serie B. Olvidado durante décadas, actualmente goza de cierto prestigio crítico fundamentalmente gracias a Jack el destripador (The Lodger, 1944), Concierto macabro (Hangover Square, 1945) y La huella de un recuerdo (The Locket, 1946).

La película empieza con una pareja que se dirige a una boda sorprendida de la rápidez con la que su sobrino se va a casar con Nancy (Gene Raymond), una joven ajena a sus ambientes. Al conocer a la novia participan del entusiasmo del marido, sin embargo, un desconocido (Brian Aherne), doctor en psicología, quiere hablar con éste. Le comunica que ella ya está casada y es la autora moral de la muerte de su anterior novio (un jovencísimo Robert Michum). Esta declaración nos abre la puerta a un torrente de flash-backs encadenados uno dentro del otro.

En el primero vemos la historia con su anterior marido, en el segundo descubrimos el porqué del suicidio y en el tercero conocemos algunos episodios de su infancia. El argumento, valiente, con tres saltos en el tiempo, alguno de ida y vuelta, puede parecer excesivamente artificioso pero en manos de Brahm deviene en sumamente misterioso e inquietante.

Apoyado en una estética expresionista, la película se convierte en la demostración de una perturbación mental, con sus alucionaciones, sus claroscuros, sus abismos y sus mentiras y en la exposición de la constante más importante de su autor, el equilibrio entre lo racional y lo misterioso, lo perverso y lo trágico.

La tensión narrativa se mantiene hasta el último fotograma en el que se descubre que el hombre que ha iniciado la narración no necesita seguir estando ingresado en una clínica como Nancy quiere. La puesta en escena de estos descubrimientos es brillante: al plano del objeto provocador del trauma, sucede un contrapicado que encuadra el rostro desencajado de Nancy dentro del velo y en la siguiente escena, mientras se acerca al altar, van apareciendo en picado en la alfombra víctimas y verdugos de su desvarío que la acosan para que no consiga alcanzar su felicidad.

Calificación: 7/10.

viernes, 27 de febrero de 2009

American Psycho (2000) de Mary Harron

¿Alguien me puede decir de qué va esta película?

Patrick Bateman es un ejecutivo neoyorquino que ocupa el cargo vicepresidente en una empresa, entiendo que multinacional, que no tiene nada que hacer, está enchufado, y se aburre como una ostra. Se levanta por la mañana hace gimnasia, se admira en el espejo, viste a lo último... pero cono no tiene horizonte, es un hombre autorrealizado, se dedica a matar gente. Primero a uno de sus amigos, o mejor dicho, de aquéllos con los que come y chulea de tarjeta, y luego a quien se le ocurre: amantes, prostitutas, indigentes...

Breat Easton Ellis (Los Ángeles, 1964) había indagado en el mundo del desenfreno en su primera novela, Menos que cero (Less than Zero, 1985), con la que obtuvo un considerable éxito que se quedó en la nada cuando publicó su tercera obra, en la que está basada la película. American Psycho (1991) lo consagró como máximo representante literario de la Generación X y, según he leído, como uno de los mejores escritores actuales. Desconozco su obra pero dudo que sea tan débil como esta película.

La aparente crítica a una parte de la sociedad del consumo es anecdótica por lo superficial de los rasgos que definen los personajes tanto principales como secundarios. Tenemos a un hombre atractivo, bien posicionado pero tremendamente vacío. Lo típico. Sus amigos son iguales. Las conversaciones son estúpidas como esperamos al ver a jóvenes ejecutivos que van a ser criticados. La ironía de las conversaciones es poco sustanciosa y los chistes, como el del restaurante en el que nunca hay sitio, no tienen la menor gracia.

La espiral de violencia te deja estupefacto no por la ausencia de ética sino por la ridiculez de los episodios, como en el crimen en el que le muerde la pierna a su víctima y luego la persigue con la motosierra desquiciado. Las escenas casi gore van sucediendo sin conseguir formar un todo, son más bien burdos retazos para consolidar un mensaje reiterativo sobre la filosofía del triunfador.

Christian Bale asume la responsabilidad lo mejor que puede y Willian Dafoe interpreta a un detective intuitivo pero inseguro y sin convicción que aparece y desaparece sin que sepamos muy bien ni qué quiere ni qué sabe.

El final intenta desmontar la opereta pero no consigue más que demostrarnos el quiero y no puedo de una película pretenciosa y tediosa a partes iguales.

Calificación: 2/10.

sábado, 21 de febrero de 2009

Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes

La nueva película de Sam Mendes me ha decepcionado. Unos buenos actores bajo la batuta de un sólido director que ya había acertado en una película aparentemente similar, American Beauty (1999), no son suficientes para remontar un guion endeble.

El inicio promete. En una fiesta de los años cincuenta se conocen Frank y April, la distante cámara y el tono edulcorado de la fotografía anticipan su relación. En la siguiente escena en la que Frank asiste al estreno de una obra protagonizada por su mujer, la fotografía ha cambiado. La interpretación ha sido mala. Han pasado los años y las ilusiones han desaparecido entre la rutina y la comodidad. Se anticipa la discusión que surge de camino a casa. El día siguiente Frank va al trabajo, planos horizontales y verticales nos muestran la alineación del individuo en la sociedad, incluso hay un pequeño homenaje a la obra maestra El apartamento (The Apartment, 1960) de Billy Wilder, pero ahí acaba todo.

La película nos presenta sin matices a todos los ciudadanos de clase media a los que critica: infantiles, pesados, reprimidos... Nadie se salva de la quema y el que lo hace es un lunático, todo un alarde imaginativo. Los dos protagonistas están más matizados, indudablemente, pero desde el principio se toma partido por April mostrando a su marido poniéndole los cuernos con una secretaria por puro pasatiempo y actuando bastante egoistamente, lo que desequilibra el análisis de pareja que se pretende.

El problema a mi juicio es de guion porque además de lo comentado, la huida del entorno a París es bastante ridícula y los problemas que surgen se ven venir a la legua, incluido el dramático final. Me gusta el anticlímax con los queridos vecinos que no quieren volver a hablar de los Wheeler y el marido del personaje interpretado por Kathy Bates desconectando el aparato auditivo para no oirla, pero en el conjunto se queda en una anécdota valiosa.

Un film fallido que sólo reluce por la dirección artística y los actores, especialmente Kate Winslet, y tres o cuatro secuencias. Los melodramas de Douglas Sirk quedaron a años luz.

Calificación: 4/10.

sábado, 14 de febrero de 2009

Mi nombre es Harvey Milk (2008) de Gus Van Sant

Antes de la proyección pensaba cómo era posible que no hubieran hecho ninguna película durante treinta años sobre la primera persona abiertamente homosexual que había accedido a un cargo político en Estados Unidos. No era así. En 1984 se rodó el documental The Times of Harvey Milk de Rob Epstein que ganó el Óscar al Mejor Documental.

Esta obra ha sido el punto de partida de Van Sant que se ha servido además de numerosas imágenes de archivo (sólo el fragmento de la victoria electoral se ha reconstruido -y no se oculta-) para confeccionar esta biografía que es la crónica de una muerte anunciada.

Harvey Milk graba por si lo matan, se siente amenazado y lo demuestra en una secuencia, unas cintas en las que cuenta su batalla por los derechos humanos. La película sobrevuela la muerte como Gerry (2002), la excepcional Elephant (2003) y Last Days (2005), pero capta la vida excepcionalmente: la vida en el barrio Castro de San Francisco, los amigos del protagonista, las discusiones electorales o no...

Nos encontramos ante un intento de trasmitir fielmente la vida de este luchador desde su traslado de su Nueva York natal a San Francisco cuando ya contaba con cuarenta años -nunca es tarde para empezar- gracias al minucioso guion del documentalista Dustin Lance Black y apoyada en la espléndida, una vez más, interpretación de Sean Penn.

El desarrollo de la historia consigue con un ritmo creciente implicarnos emocionalmente y la cámara, atenta a los detalles pero consciente de su condición, observa, mira, documenta y no destaca, hasta el final, en el que un plano subjetivo se convierte en la última mirada.

Calificación: 6/10.

sábado, 10 de enero de 2009

Persépolis (2007) de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi

Marjane Satrapi (Rasht, Irán, 1969) conoció el noveno arte de la mano del guionista y autor de cómics David B. (Nimes, Francia, 1959). Descendiente de la dinastía que reinó en Persia desde finales del siglo XVIII hasta 1925, la joven licenciada en bellas artes escribió e ilustró la multipremiada novela gráfica en cuatro tomos Persépolis (2000).

La obra empieza en 1979, poco antes de la revolución islámica. La joven protagonista, inconformista y luchadora, es testigo de los cambios de su país con el advenimiento de la república, esperanzadora inicialmente para su familia que vive y participa de los cambios políticos. La sociedad empeora y algunos de sus familiares son perseguidos, por lo que sus padres envían a Marjane al liceo francés de Viena. Allí se adapta a un mundo nuevo, no habla alemán, y convive con compañeros de distintas ideologías. De vuelta en Teherán después de cuatro años para estudiar una carrera, descubre que no sólo ha seguido cambiando la sociedad sino sus antiguas amistades, que no acaban de aceptarla...

Siguiendo con bastante fidelidad la historia de la novela gráfica, la autora coescribió el guion y codirigió la película con Vincent Paronnaud Winshluss (La Rochelle, Francia, 1970) también autor de cómics y director de un cortometraje. Filmando sus expresiones faciales y sus movimientos, también sirvió de modelo de sí misma en la película.

En blanco y negro, excepto algunas escenas que se desarrollan en el aeropuerto de París, la película es, como la novela gráfica, la experiencia vital de una joven que mira el mundo que le rodea desde la ilusión. El humor y la lírica, puntuales y acertadas, endulzan, sin embargo, un poso de amargura por la situación en su país de origen, pero también por la existencia de otros fundamentalismos personales y sociales inherentes al ser humano. El tono testimonial de la narración consigue transmitirlos frescura y veracidad.

Las dudas y los problemas juveniles y sociales no consiguen dominar al personaje principal excelentemente aconsejada por su abuela, entrañable y progresista como pocas, que se convierte en apoyo imprescindible de su nieta.

Una narración fragmentada y rabiosamente moderna, con escenarios ligeramente abstractos para destacar los personajes y asemejarse a las imágenes recordadas, consiguen convertir el relato río en una película sin altibajos que no cae ni en el panfleto ni en la repetición.

Calificación: 6/10.

martes, 6 de enero de 2009

Indochina (1992) de Régis Wargnier

Tentado en repetidas ocasiones, no ha sido hasta estas recuperadoras vacaciones navideñas cuando he visto la multipremiada cinta de Régis Wargnier (Metz, Francia, 1948). Se lo llevó todo a principios de los noventa: Globo de Oro y Óscar a la mejor película extranjera, nominación al Óscar para Catherine Deneuve, Goya a la mejor película europea, cinco Césares y siete nominaciones más... Curiosamente Las noches salvajes (Les nuits fauves) de Cyril Collard le arrebataron el César a la mejor película.

El comienzo define el carácter del film. Entre brumas avanzan varios barcos lentamente, no sabemos la razón hasta que una silueta negra acompañada de una niña nos permite comprender que es un entierro, inmediamente la protagonista comienza la narración en off. Nos encontramos ante una obra que navega entre el cine épico y el intimista y que va a mostrarse evocando el pasado desde el presente mediante elipsis pautadas con la voz en off.

La acción se desarrolla en los años treinta del siglo pasado, una época en la que Indochina deseaba dejar de ser colonia francesa. En este contexto, un aplicado Wargnier, sólo conozco este film de los ocho o nueve que ha dirigido, intenta analizar la influencia de los procesos históricos en sus personajes, meticulosamente elegidos puesto que se impone un mirada al choque intercultural. Las eternas dualidades en las que se mueve el ser humano, sensualidad y represión, espiritualidad y materialismo, serán el cultivo ideal.

No resulta fácil componer un rompecabezas con tantas piezas trascendentes y algunos decisiones de los personajes resultan sorprendentes, o incluso ilógicas. No obstante, una cuidadísima dirección artística, una esteticista fotografía y unas acertadas interpretaciones, encabezadas por Deneuve, testigo, narradora y ejemplo de dualismos, mantienen el nivel en una película que, como refleja su sencillo cartel, se desliza sutilmente por la melancolía y la tristeza en todo su metraje.

Calificación: 6/10.

domingo, 4 de enero de 2009

Independence Day (1996) de Roland Emmerich

Esta película fue en su día la segunda con mayor recaudación de la historia detrás de Parque jurásico (Jurassic Park, 1993) de Steven Spielberg. Alcanzó los 811,2 millones de dólares en todo el mundo con un coste de 70 millones. Este año tendremos secuela. Así que ya era hora de olvidar los generalizados comentarios negativos y sentarse a verla.

El planteamiento me parece a medio camino entre el cine de extraterrestres de los años 50 y el de desastres de los 70, eso sí, con un presupuesto holgado en su momento para convertir la serie B de aquellas sesiones en serie A. Y creo que lo consigue, al menos en la ambientación, desde la Casa Blanca a la base militar, y en las destrucciones, la misma Casa Blanca, varias ciudades, la base aérea...

No hay demasiada originalidad ni en las naves alienígenas, totalmente años 50, ni en los ataques de las fuerzas aéreas, me recordaron a La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) de George Lucas y a Top Gun (1986) de Tony Scott. Tampoco sucede nada que no estuviera previsto: la humanidad es salvada por los americanos el día de su indepedencia de los ingleses en un alarde de fuerza sobradamente demostrado en la realidad.

Es de agradecer, sin embargo, la vuelta a los extraterrestres malos -olvidados principalmente gracias a Steven Spielberg-, la buenas caracterizaciones de personajes realmente difíciles -como el presidente americano-, el hecho de que la salvación llegue por parte de un virus informático y un alcohólico -acercándose a la salvación coral del cine de catástrofes-, la caracterización de sabio chiflado del responsable de la investigación en el área 51 -quizá malévolamente- y la materialización de esa área mítica sobre la que tanto se ha hablado a lo largo de la historia.

No puedo decir que me haya parecido una buena película, su ideología la sume en el abismo, pero esperaba algo mucho peor y las dos horas y media de metraje no se me han atragantado.

Calificación: 3/10.

viernes, 2 de enero de 2009

Tierra. La película de nuestro planeta (2007)

He recuperado, vía programación televisiva navideña, esta película de los documentalistas británicos Alastair Fothergill y Mark Linfield, director el primero junto a Andy Byatt de Deep Blue (2003). El televisor no es el mejor medio para descubrir las maravillas de nuestro planeta, por mucho documental vespertino que veamos, pero la ocasión no había que desaprovecharla.

Rodada a lo largo de cinco años en veintiséis países con más de doscientas localizaciones y empleando las más novedosas cámaras de alta definición, la película recorre la naturaleza de nuestro inmenso planeta durante los doce meses del año, reflejando todos los climas y gran parte de los ecosistemas y contándonos, sin avasallarnos, cifras y datos, algunos de los cuales reflejan el deterioro del planeta.

El oso polar se convierte en el ejemplo de la necesidad de modificar los hábitos del ser humano para restablecer el equilibrio perdido. El invierno polar ártico y la búsqueda de comida son el punto de partida. Veremos la tundra, el desierto, la selva tropical...

El inmenso trabajo de filmación, más de doscientas horas de vuelo, se traduce en bellas imágenes que nos ayudan a amar más nuestro planeta herido -machaconamente repetido a lo largo del metraje-, pero consigue que nos perdamos en la inmensidad. Las distintas escenas, algunas bastante cómicas como la salida de los patitos del árbol y otras dramáticas -la muerte final-, no forman un conjunto sino distintos episodios que no consiguen entrelazarse a pesar de la aplicada narración de Constantino Romero doblando a Patrick Stewart -en Estados Unidos lo hizo James Earl Jones- y la excesivamente presente banda sonora de George Fenton.

Calificación: 4/10.

domingo, 28 de diciembre de 2008

My Blueberry Nights (2007) de Wong Kar Wai

Estas noches de arándanos nos llegan con un año de retraso pero merece la pena degustarlas lentamente, como la mayoría de las películas de Wong Kar Wai (Shanghai, 1956).

Rodada en inglés, comienza con la visita a un restaurante de Nueva York de una joven. Es la hora casi del cierre, esa que los clientes aprovechan para apaciguar su soledad buscando algo de intimidad con los camareros. Elisabeth (Norah Jones) ha perdido a su pareja y le deja al propietario del restaurante (Jude Law) la llave del piso de su novio por si pasa a recogerla. Otro deseo entre los montones de llaves que se acumulan en un bote.

Un par de noches más y Elisabeth decide convertirse en Lizzy o Beth en su viaje por varios lugares de Estados Unidos, donde conoce otras historias de amor y desamor, de pérdidas y desencuentros, que podrían dar lugar a otras películas igualmente interesantes. Un itinerario del que nacen sentimientos nuevos que propician la vuelta.

La distancia emocional inicial entre los dos personajes principales se nos transmite observándolos a través de cristales o con algún elemento interpuesto entre nosotros -la cámara- y ellos. No hay apenas separación física entre ellos, la barra únicamente, pero todavía son unos desconocidos. La perspectiva de los viajes convierte la distancia emocial en un hilo capaz de romperse simbolizado en el helado goteando que anticipa el inocente beso.

La debutante Norah Jones, ha compuesto varias bandas sonoras, pero es su primera interpretación, hace posible intuitivamente esos encuentros, esas idas, esas dudas, hace creíble esta especie de diario que es la película. El resto del reparto resulta suficientemente creíble, no podía ser de otra manera tratándose de Rachel Weisz, Natalie Portman o David Strathairn.

Seguiremos esperando más collages de espuma de arándanos y luces de neón entre canciones de Cat Power -felizmente versioneado por la protagonista-, Otis Redding, Ruth Brown, Amos Lee o Cassandra Wilson.

Calificación: 6/10.

sábado, 6 de diciembre de 2008

La boda de Rachel (2008) de Jonathan Demme

No veía una película de Jonathan Demme (Long Island, Nueva York, 1944) desde El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991). Parece mentira porque hasta entonces lo había seguido, no sé si intencionadamente por los años que hace, pero había visto gran parte de su irregular carrera, desde El eslabón del Niágara (Last Embrace, 1979) a Casada con todos (Married to the Mob, 1988). Quizá no quise decepcionarme después de su obra maestra.

Hace unos meses, en el Festival de San Sebastián, Demme presentó su tercer acercamiento al genial Neil Young y La boda de Rachel (Rachel Getting Married, 2008) que ahora se ha estrenado entre nosotros.

El planteamiento de la película es bastante sencillo y nos recuerda a muchas otras, Kym (Anne Hathaway) asiste a los preparativos y a la boda de su única hermana (Rosemarie DeWitt), durante los cuales salen a la luz todos los problemas familiares latentes. Un ligero matiz es que se trata de una celebración interracial e intercultural, circunstancia que se ve con la máxima naturalidad, sin llegar a ser determinante en ningún aspecto.

Las bondades de la película no se basan en el correcto guion de Jenny Lumet, hija del estupendo director, si no en la puesta en escena, la música y las interpretaciones. El guion tiene momentos bastante convencionales e incluso ligeramente aburridos como la parte de los discursos después de la cena del primer día.

Demme elige la cámara en mano para rodar la práctica totalidad de la película, opción que puede parecer lógica o incluso obligatoria, pero que dota a la obra de autenticidad y la aleja del dramatismo al uso, convirtiéndola en un vídeo de los que se graban en medio mundo para nuestras celebraciones.

Respecto a los actores y la música, aquéllos destilan autenticidad -remarco al sufrido padre (Bill Irwin) y a la dolida Rachel- y Anne Hathaway se sale. Su interpretación duele hasta muy adentro, bravo por la joven neoyorkina. La música puntea, emociona y forma parte, se dice en algún momento, de todas y cada una de las escenas, no es un elemento adicional sino un protagonista más.

Los agradecimientos finales son, entre otros, a Roger Corman, que aparece en la fiesta final, y a Robert Altman, cineastas con y de los que aprendió este revitalizado Jonathan Demme.

Calificación: 6/10.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Gomorra (2008) de Matteo Garrone

A principios de la pasada década vino a Valencia Francesco Rosi (Nápoles, 1922) a presentar Dimenticare Palermo (1992). Al preguntarle qué le parecía El Padrino (The Godfather, 1972) de Francis Ford Coppola elogió su impresionante calidad cinematográfica pero criticó su retrato romántico del gángster. Él, nacido en la cuna de la camorra, no veía bien admirar a un capo de la Cosa Nostra. Había hecho varias películas retratando la verdadera cara de la delicuencia, como El desafío (La sfida, 1958) o Las manos sobre la ciudad (Le mani sulla città, 1963), vigentes -especialmente la segunda- cuarenta años después.

Acaba de estrenarse Gomorra (2008) de Matteo Garrone, basada en la homónima novela Roberto Saviano (1979), sobre el que pesa una amenaza de muerte por su retrato de la delicuencia napolitana, especialmente por denunciar la fraudulenta gestión de los residuos peligrosos. Admiro su valentía y le deseo la mejor suerte.

La película de Garrone se basa bastante fielmente en cinco de las once historias de la novela, optando también, con el concurso de seis guionistas entre los que se encuentra el director y el escritor, por una exposición coral de la penosa situación de una ciudad en declive.

Los personajes de partida son un niño que tiene que empezar a ganarse la vida, una pareja de adolescentes que adoran al Tony Camonte de El precio del poder (Scarface, 1983) de Brian de Palma, un pagador de una de las bandas que luchan por el poder, un elegante hombre de negocios que ofrece bajos precios para deshacerse de residuos tóxicos y un sastre al servicio de un taller oculto que trabaja para la camorra. Es, pues, un abanico poblacional bastante amplio.

La cámara en mano nos acerca a un barrio entero siguiendo a estos personajes entrelazados, que son víctimas y verdugos de una perspectiva vital sin horizontes. No hay salvación, hay que entrar en el negocio. Sólo el aprendiz del gestor de residuos parece salir de la vorágine.

La película elige la sobriedad como bandera, se aparta de la sangre, abundante, y no busca el feísmo, pero falla en el retrato de los personajes, meras pinceladas de personalidad parecen insuficientes. No obstante, su imponente presentación, sin fisuras, de gran parte de los negocios sucios que se cuecen en la ciudad y su decidida apuesta por la desdramatización de la escalofriante realidad, la convierten en una película necesaria.

Espero que la haya visto Francesco Rosi.

Calificación: 6/10.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Happy, un cuento sobre la felicidad (2008) de Mike Leigh

No parece posible una persona eternamente contenta o que mantiene el humor en el día a día y las películas con personajes absolutamente felices no abundan y cuando aparecen provocan reparos. En los últimos años no recuerdo más que una película llena de optimismo, Amelie (Le fabuleux destin d'Amélie Poulin, 2001) de Jean-Pierre Jeunet, pero era una apuesta por la fantasía, lejos del realismo.

Mike Leigh (Salford, Gran Manchester, 1946) me emocionó denunciando los problemas de la clase media contemporánea en Secretos y mentiras (Secrets & Lies, 1996) y Todo o nada (All or Nothing, 2002) y denunció con éxito la moral inglesa de los años 50 en El secreto de Vera Drake (Vera Drake, 2004). Entre ambas una película pequeña sobre la vida de estudiante y la pérdida de ilusiones que, sin práctico reconocimiento, me gustó bastante, Dos chicas de hoy (Career Girls, 1997).

Ahora nos llega una película más en la línea de esta última, es decir, sin tanta carga dramática, más ligera, que en tono de comedia defiende la alegría como escudo social.

De título original Happy-Go-Lucky, declaración de intenciones como aquí, la principal línea argumental nos presenta a una maestra treintañera llamada Poppy que decide sacarse el carné de conducir cuando le roban su bicicleta y mientras encuentra el amor. En la descripción de su entorno, no olvida Leigh las alusiones al paro y los problemas sociales, como la violencia familiar.

La película se apoya en una excelente interpretación de Sally Hawkins, una joven actriz que habia participado en los anteriores filmes de Leigh. Su naturalidad, pese a la dificultad para hacer creíble el papel, la hace encantadora, te enamoras de ella. La posibilidad de un personaje frívolo o inconsciente se desvanece contemplándola.

Su día a día, sus relaciones con su compañera de piso, con la que convive diez años sin problemas, sus problemas de salud, sus relaciones familiares y sobre todo su relación con su profesor de autoescuela, acertado Eddie Marsan, un personaje frustado por sus prejuicios y su imposibilidad de comunicar sus sentimientos, son mostrados sin asperezas, combinando los momentos intimistas en interiores con los exteriores, los diálogos -siempre brillantes- más densos con los más suevas y frescos.

Calma y sencillez, sutileza y calidez son las principales armas de una inteligente película sobre seres felices en un mundo infeliz que nos deja un sabor de boca a buen cine.

Calificación: 6/10.

martes, 11 de noviembre de 2008

La fortaleza escondida (1958) de Akira Kurosawa

Un travelling de seguimiento nos presenta a dos campesinos de espaldas que se acusan mutuamente de su situación después de la guerra. Un samurái los alcanza aterrorizado, pero es abatido inmediatamente por un grupo de combatientes a caballo. Su susto no les impide seguir hablando de sus miserias hasta que se pelean y separan.

Este es comienzo de La fortaleza escondida (Kakushi-toride no san-akunin, 1958) la película que argumentalmente -una guerra inacabada, un caballero, dos escuderos, una orgullosa princesa y un viaje lleno de amenazas- sirvió de base a La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) y que gracias a mi amigo Salvatrón he podido recuperar.

Un argumento no demasiado destacable que la amplitud de miradas de Kurosawa convierte en algo más que una película de aventuras ambientada en la Edad Media japonesa, un jidai-Geki aventuras.

El emperador consigue una puesta en escena de gran fisicidad cercana al western con las admirables escenas multitudinarias en las que los campesinos están prisioneros o las que se desarrollan en la montaña junto a la fortaleza. Comedia y drama se alternan y compaginan perfectamente, impregnadas del humanismo habitual de su director, y sus temas de siempre, el absurdo de la guerra o el viaje como aprendizaje, no pierden un ápice de su fuerza.

Las escenas de acción son emocionantes, especialmente el duelo con la lanza, y los personajes están bien matizados en su evolución. El viaje convierte a la princesa en más feliz, al general Rokurota -estupendo Mifune- en más sociable y a los dos pícaros en... bueno, en menos pícaros, porque estos parece que no tienen solución, por mucho que se cierre el círculo y al final se acercen al cámara más alegres.

Una película aparentemente ligera que encierra grandes momentos.

Calificación: 6/10.

domingo, 26 de octubre de 2008

Fragmentos (2007) de Ariel Luque

"Si el cortometraje no hubiera existido, Resnais lo habría probablemente inventado" dijo Jean-Luc Godard de las primeras películas de su compatriota, y es que Noche y niebla (Nuit et brouillard, 1955) y Toda la memoria del mundo (Toute la mémoire du monde, 1955) son obras maestras y el resto de sus cortos bastante buenos. Poco tiempo después el mismo Godard o Truffaut cambiaron la pluma por la cámara y realizaron sus primeros cortometrajes.

Muchos directores consagrados utilizaron el formato reducido en sus inicios, en España recuerdo a Pedro Almodóvar, Julio Médem o Alejandro Amenábar y en Argentina a Lucrecia Martel. Desde allí, Ariel Luque, joven crítico, guionista y bloguero, presenta en su página El cine... una realidad poética , una pequeña obra llena de talento.

Entre el humo de la ilusión y la ensoñación, una trompeta solitaria gime y una voz en off nos presenta la mujer soñada. Una mujer desconocida en un lugar desconocido. Una mujer buscada y presentada intensamente con primeros y primerísimos planos. El narrador protagonista aparece junto a ella y gana la partida que ella le propone -porque ella quiere-. Es el comienzo de la pasión, acertadamente retratada con fragmentos del cuerpo separadados por fundidos a negro y aunados por la envolvente música de la trompeta.

Una feliz aproximación al deseo, a la soledad y a los sueños para olvidarla, en un ambiente de brumas de bares (o cabarés) que me ha recordado a esa bellísima película de Eliseo Subiela titulada El lado oscuro del corazón.

Un firme paso de corta duración en un creador que espero que sea reconocido con su siguiente obra, también corta, y alcance el largo.

domingo, 19 de octubre de 2008

Vicky Cristina Barcelona (2008) de Woody Allen

Querido Woody Allen:

He visto todas tus películas casi puntualmente ya que algunas las estrenaste cuando acababa de nacer. He amado Nueva York contigo y gracias a ti. Me reí especialmente con tu primera etapa, pero también muchas otras veces, especialmente cuanto te veía en la pantalla. Homenajeaste a Bergman, casi siempre acertadamente. Las calles y los bares fueron tus escenarios, la época, el presente.

¿Pero últimamente qué te ha pasado? Desde Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, 1997) te he encontrado cansado, sin esa chispa en los diálogos que antes bordabas, sólo con Match Point (2005) demostraste tu casi inagotable talento. Ahora nos ha llegado una postal tópica con actores desaprovechados de dos ciudades españolas.

Esta última obra, por ahora, abusa de la voz en off, repite las imágenes más bellas, pero más manidas, de una ciudad como Barcelona que tiene miles de caras. Los actores, indudablemnte solventes, están sin orientación y se ajustan a tópicos, especialmente la histérica Penélope Cruz -en un personaje hipérbole del cine de Almodóvar- y la turista Scarlett Johanson. ¿Y Bardem? Un pintor que es bohemio porque visita el barrio chino pero tiene avioneta y vive en Pedralbes. Increíble.

Acertada, hay que reconocerlo, está Rebecca Hall, el personaje con más matices, más redondo, con más evolución. No al principio, porque tanto ella como su novio son los típicos burgueses enconsertados en una clase y unas actitudes demasiado vistas.

Respecto a la banda sonora, sinceramente, creo que es lo peor. El tema central del grupo afincado en Barcelona Guilia y los Tellarini se repite hasta la saciedad para recordarnos insistentemente lo malo que es. El clásico Entre dos aguas de Paco de Lucía encaja mejor como leitmotiv pero se ahoga entre tanto flamenco, imprescindible, aunque no venga a cuento, en toda película ambientada en España.

De todas maneras, seguiré persiguiendo cada película que estrenes y emocionándome con Manhattan, Annie Hall, Zelig... y muchas otras.

Calificación: 2/10.

martes, 14 de octubre de 2008

El caballero oscuro (2008) de Christopher Nolan

La última aventura cinematográfica de Batman es la película más comentada en los blogs, la cuarta mejor de la historia por votación popular -IMDb-, la segunda más taquillera de la historia en Estados Unidos y la cuarta en todo el mundo. Con estos datos, acercarse a la película casi asusta y más cuando está casi de reestreno y ya se ha dicho todo.

Christopher Nolan (Londres, 1970) ha dirigido seis largometrajes en diez años consiguiendo con su audacia, y buen hacer, por supuesto, un prestigio inusitado para alguien tan joven. Memento (2000) asombró a medio mundo y tanto Batman Begins (2003) como El truco final - El prestigio (The Prestige, 2006) cosecharon buenas críticas y atrayeron a masas de aficionados. Nada, sin embargo, comparado con El caballero oscuro (2008), la más esperada película del año.

La perfección de la estrategia del superhéroe contra el crimen organizado conduce a un callejón sin salida a los grupos -bastante mal dibujados por arquetípicos- que controlan los negocios sucios de la ciudad. La experiencia y cultura del mal está acorralada y sólo un villano sin pasado o con muchos pasados, un miserable caótico pero omnipresente puede colapsar nuevamente todo el sistema. No valen entonces ni policías ni valientes defensores de la ley.

Este personaje, felizmente interpretado, es el protagonista de la película que deja en la sombra al superhéroe, cuestionado -como en algunas de las últimas adaptaciones- por la sociedad que defiende. Heath Ledger logra una intensidad dramática difícil de rastrear en anteriores malos del cine.

Afortunadamente no está solo porque los nuevos secundarios, Aaron Eckhart en su papel de defensor que deviene en vengador o Maggie Gyllenhaal como valiente compañera y vertice del triángulo amoroso, bastante digno todo sea dicho, y alguno de los antiguos, como Gary Oldman, mantienen el tipo bastante acertadamente. Morgan Freeman y Michael Caine tienen menos diálogos y no tan conseguidos, pienso en los toques cómicos del último.

La arquitectura narrativa, apabullante pero no artificiosa, la banda sonora, las escenas de acción -alucinante la persecución del furgón- y la sempiterna, pero no por ello desaprovechada, dualidad héroe-villano, conforman una película estupenda de obligada visión.

Calificación: 7/10.

lunes, 6 de octubre de 2008

Caos calmo (2008) de Antonello Grimaldi

Las relaciones entre Caos calmo del desconocido Antonello Grimaldi, siete años dedicado a la televisión y seis largometrajes en veinte años, y La habitación del hijo (La stanza del figlio, 2001), la esplendida película de Moretti, van más allá de la presencia de éste como actor principal y coadaptador de la novela de Sandro Veronessi.

Nos encontramos, yo a última hora porque la he repescado en el único cine de reestreno que hay en mi ciudad, con una obra sobre la pérdida de un familiar y la soledad que descubre la desgracia.

En Caos calmo muere la esposa de Pietro Paladini, un alto ejecutivo de una empresa italiana a punto de fusionarse con otra americana, en aquélla el hijo del personaje interpretado por Moretti. Una pérdida de un ser muy amado en aquélla y no tanto en ésta. En ambas, la soledad descubierta es enorme, pero en Caos calmo es pasada, puesto que Pietro apenas conocía ni a su hija ni a su mujer, mientras que en La habitación del hijo se va haciendo presente poco a poco a lo largo de todo el metraje. El dolor explota desde el primer momento en la película de Moretti mientras que en la de Veronessi no aparece y por eso se empeña Pietro en buscarla, en una curiosa ironía. Parecen dos miradas antagónicas sobre los sentimientos.

Ambientada en el microcosmos de un parque frente al colegio de su hija, con sus imposiciones como el saludo de su coche al niño con síndrome de Down y los paseos de los vecinos por él, el caos que soporta internamente Pietro nunca llega a desbordarse a pesar de sus compañeros de trabajo que no hacen más que agobiarlo con sus cuitas empresariales sobre la dichosa fusión y su cuñada no deja de contarle tonterías. Esta dificultad de casi un único escenario se resuelve con solvencia al igual que la omnipresencia de Moretti, un recital interpretativo.

No obstante, la película no acaba de encajar bien el tono entre cómico y dramático que plantea y la presencia de canciones en determinados momentos así como su sátira social, como la intervención de Roman Polanski como amante celoso, resulta bastante flojita.

El prometedor arranque no acaba de despegar, desaprovechándose circunstancia de la falta de ayuda a su esposa por salvar la vida a otra mujer, y un final acomodaticio acaban por hacer temblar la película.

Calificación: 4/10.