martes, 3 de marzo de 2009

La huella de un recuerdo (1946) de John Brahm

Nacido en el seno de una familia de origen judío, Hans Brahm (Hamburgo, 1893 - Malibú, California, 1982) empezó su carrera artística en la interpretación, su padre era actor de variedades y su tío productor teatral y descubridor de Max Reinhardt, y continuó en la dirección en la que llegó a ser uno de los más importantes directores escénicos durante la República de Weimar. Con la llegada al poder de Hitler se trasladó a Reino Unido donde realizó una película.

Instalado en Hollywood en 1937, cambió de nombre y empezó una interesante carrera cinematográfica llena de altibajos en la que tocó prácticamente todos los géneros casi siempre dentro de los parámetros de serie B. Olvidado durante décadas, actualmente goza de cierto prestigio crítico fundamentalmente gracias a Jack el destripador (The Lodger, 1944), Concierto macabro (Hangover Square, 1945) y La huella de un recuerdo (The Locket, 1946).

La película empieza con una pareja que se dirige a una boda sorprendida de la rápidez con la que su sobrino se va a casar con Nancy (Gene Raymond), una joven ajena a sus ambientes. Al conocer a la novia participan del entusiasmo del marido, sin embargo, un desconocido (Brian Aherne), doctor en psicología, quiere hablar con éste. Le comunica que ella ya está casada y es la autora moral de la muerte de su anterior novio (un jovencísimo Robert Michum). Esta declaración nos abre la puerta a un torrente de flash-backs encadenados uno dentro del otro.

En el primero vemos la historia con su anterior marido, en el segundo descubrimos el porqué del suicidio y en el tercero conocemos algunos episodios de su infancia. El argumento, valiente, con tres saltos en el tiempo, alguno de ida y vuelta, puede parecer excesivamente artificioso pero en manos de Brahm deviene en sumamente misterioso e inquietante.

Apoyado en una estética expresionista, la película se convierte en la demostración de una perturbación mental, con sus alucionaciones, sus claroscuros, sus abismos y sus mentiras y en la exposición de la constante más importante de su autor, el equilibrio entre lo racional y lo misterioso, lo perverso y lo trágico.

La tensión narrativa se mantiene hasta el último fotograma en el que se descubre que el hombre que ha iniciado la narración no necesita seguir estando ingresado en una clínica como Nancy quiere. La puesta en escena de estos descubrimientos es brillante: al plano del objeto provocador del trauma, sucede un contrapicado que encuadra el rostro desencajado de Nancy dentro del velo y en la siguiente escena, mientras se acerca al altar, van apareciendo en picado en la alfombra víctimas y verdugos de su desvarío que la acosan para que no consiga alcanzar su felicidad.

Calificación: 7/10.

7 comentarios:

SALVATRON dijo...

Ni pajolera idea ni de la peli ni del director. Pero tiene una pinta estupenda. ¡EL CINE VIEJUNOOOO!
Que penica que no me vaya bien el ordenata.

Castedo Merinero dijo...

Creo que te gustarían estas tres películas suyas y alguna más que no he localizado. Misteriosas, tensas, llenas de personajes al límite de la cordura...

babel dijo...

Expresionismo misterioso e inquietante... no la he visto, pero esta me la apunto, que tiene una pinta excelente.

Gracias y saludos!

Castedo Merinero dijo...

De nada, Babel.
Espero que puedas verla y si no la consigues me lo dices.
Saludos.

Wood dijo...

Ni idea de esta peli. Tiene buena pinta por lo que describres. Abrazo, Castedo.

pilar mandl dijo...

Darse un paseo por tu blog (aunque ahora lo esté haciendo "alrevés") es siempre la mar de instructivo, aprendo un montón...

Castedo Merinero dijo...

Gracias Pilar,
me invitas a esforzarme más.